Valen HansenEstrategia · Comunicación
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Ser muchas cosas no es el problema. Comunicarlas todas al mismo tiempo, sí.

Valentina Hansen
Ser muchas cosas no es el problema. Comunicarlas todas al mismo tiempo, sí.

Hace no tanto tiempo no sabía para dónde arrancar con mi carrera.

Estudiaba la Licenciatura en Negocios pero también me movía el trabajo social. Me encantaba el mundo de los negocios, pero a la vez no podía con la culpa de que hubiera gente que no tuviera qué comer en Argentina. Dos mundos que, desde afuera, no tenían nada que ver.

Incoherencia.

Incoherencia.

Incoherencia.

Pasé bastante tiempo intentando explicarme en una sola frase. Me fue imposible. Y ahí empecé a pensar algo que hoy me parece tremendo: que iba a tener que sacarme una parte para sentirme en paz.

Con el tiempo entendí que el problema no era elegir una versión mía. Era que no sabía cómo ordenarlas.

Y hay una diferencia enorme entre esas dos cosas. Cuando creés que tenés que elegir, la única salida que ves es amputar. Cuando entendés que lo que falta es orden, la pregunta pasa a ser otra: dónde va cada cosa.

Cómo podés saber si te pasa lo mismo:

Casi nunca se nota como una contradicción. Se nota como ruido:

  • Tu bio de Intagram cambia cada dos meses y ninguna versión te convence.
  • Escribís algo y antes de publicarlo pensás "esto no tiene nada que ver con lo anterior".
  • Te presentás distinto según quién pregunte, y ninguna de esas versiones te representa del todo.

Eso no es falta de capacidad. Es falta de sistema.

Las tres preguntas que usé para ordenar mis facetas (y te pueden servir también)

1. ¿A quién le sirve? No a quién le gusta. A quién le sirve. Si la respuesta es "a mí", es válida — pero entonces es parte de tu vida, no de tu marca profesional.

2. ¿Cuál es tu objetivo con comunicar esa parte tuya? ¿Es vender, construir autoridad, generar comunidad, aportar… o qué buscás lograr? Cada faceta puede tener un objetivo distinto. Lo que no funciona es pedirle a todas que hagan todo.

3. ¿Comparten público y objetivo? Si sí, se integran: una pasa a ser el contexto de la otra. Si no, se separan, y separar no es achicar: es darle a cada una un espacio donde funcione sin pedirle permiso a la otra.

En mi caso separé. Por un lado mis servicios de comunicación y estructura de negocios. Por el otro, Latiendo Juntos, una ONG 100% compuesta por voluntarios, cuyo único objetivo es ayudar. Y sin embargo la persona detrás es la misma. En los dos lugares hago lo mismo: ordenar algo desordenado para que pueda sostenerse. Ese es el hilo conductor: yo.

Uniforme es que todo se parezca. Coherente es que todo tenga sentido junto.

Podés hablar en un escenario sobre comunidades vulnerables y también ir a un recital con amigas y no pensar en nada, como en mi caso. Eso, a mi forma de verlo, no te hace incoherente: te hace una persona completa con la comunicación desordenada, que es un problema mucho más fácil de resolver.

La incoherencia real es otra: prometer algo y entregar otra cosa.

Tener muchos intereses, no.

Contame: ¿qué faceta tuya venís dejando afuera de tu marca porque sentís que no encaja?

Y si querés ordenar tu comunicación, escribime! 💙